lunes, 25 de enero de 2010

Trabajo B: Mi plaza de Toros...



Al adentrarnos en la problemática del enunciado nos damos cuenta de que tenemos varios condicionamientos previos que no son variables. Al ser una plaza de toros, el diámetro del ruedo debe de estar entre los 45 y los 60 metros. También tiene que haber una serie de instalaciones y servicios que no tienen mucho más uso que el del evento taurino (corrales, mataderos, toriles, taquillas, etc). Además se pide que la plaza funcione como un edificio polivalente y se puedan celebrar en ella todo tipo de espectáculos de ocio y reuniones de gente con un aforo de 8000 personas como mínimo. Estamos hablando de unas reglas pre-establecidas que casi van a dar forma al edificio y esta forma variará o no dependiendo de las decisiones de proyecto que se tomen. Decisiones que deberán tener algún proceso o estudio por detrás que cercioren la coherencia del proyecto.
Metiéndonos en el mundo de las plazas de toros, nos damos cuenta de que una plaza de toros es un edificio muy específico y cargado de ornamentación y simbolismo. Se convierte en sí mismo en un símbolo y edificio singular en su entorno. La plaza tendría una altura de entre 15 y 20 metros superando la altura de los edificios a su alrededor y tapando las vistas y el sol de los vecinos. También la plaza se convierte en una barrera de aproximadamente cien metros obligando a la gente a rodear la plaza y separando visualmente un lado del otro alrededor de toda la circunferencia. Esto es al fin y al cabo contaminación urbana. Además, es un edificio con un presupuesto muy alto y se trata de una inversión a largo plazo, con lo cual, una plaza de toros singular, con el paso de los años puede quedar pasada de moda por diferentes razones sociales, políticas, culturales, etc. Y esta resultar siendo además de contaminación urbana, residuo urbano. Con esta observación hecha, es preciso recordar que el metro pasa por al lado de la parcela donde se encuentra la plaza existente y la estación de metro también está a escasos metros.
Por la salida del metro sale gente diariamente y lo hará durante bastantes años. La idea de que la gente del metro salga por el edificio de la plaza me vino a la cabeza. Esto implicaría enterrar la plaza de toros para resolver la conexión entre metro y plaza. Este cambio de plano resolvería todos los problemas urbanos que pueden causar la caducada imagen o el abandono de una plaza de toros en la ciudad. Es la misma razón por la que se entierran los metros. La cubierta sirve como espacio urbano. En este caso se convierte en un parque con un hueco desde donde se puede ver el ruedo que llamaré “piscina”. Esta circunferencia que aparece en el nivel del suelo tendrá 45 metros de diámetro. El edificio ya no es aparentemente una plaza de toros desde la calle sino que se trata de un parque completamente diáfano y con caminos peatonales.
La primera referencia que tuve en mis manos fue una obra hecha por el arquitecto francés Dominique Perrault. El velódromo y piscina, en Alemania, es una obra desde la que se pueden sacar varias ideas para hacer una plaza de toros enterrada. Si recordamos las palabras de Perrault “Utilizo la desaparición, para que un proyecto no se transforme en un obstáculo.” Esto me lleva al campo de la arquitectura invisible que mucho tiene que ver con hacer una excavación para esconder una plaza de toros. No sólo se esconde, sino que da un uso público alternativo en su cubierta. Un aprovechamiento de la superficie bastante significativo ya que además de significar espacio público también es la solución a parte de la problemática. La barrera de aproximadamente cien metros diámetro ahora sólo sería de cuarenta y cinco. Es una distancia mucho menos condicionante a la hora de obstaculizar en el entorno urbano. Además es una “piscina” que no cambia la forma del paisaje que percibe el ciudadano de a pié. Es un hueco que está en el mismo nivel que la superficie y casi no se percibe al menos que uno se acerque a él. Con el paso del tiempo es difícil que un edificio como este manche el paisaje urbano y del parque de La Marina (parque donde se encuentra la plaza) ya que no se puede ver.
La primera idea se ilustra en un dibujo del paisaje de la plaza donde se puede ver una vaga toma de decisiones aunque un proyecto con mucha fuerza. Es una idea que responde, a mi juicio, muy bien a la problemática urbana y da a los vecinos de San Sebastián de los Reyes un nuevo parque en el casco de la ciudad. A la vez permite dar al edificio un nuevo uso ya que el continuo paso de la gente está afianzado gracias a la conexión con el metro. Entonces, la idea de enterrar la plaza a primera vista parece una barbaridad aunque yo apostaré por ese camino. Veamos a que soluciones y herramientas tendré que recurrir para hacer esta idea posible.
Igual que Peter Eisenman en sus primeras casas, la importancia que yo le voy a dar al proceso de diseño del proyecto es fundamental. Al tratarse de mí, un estudiante de arquitectura de tercer año, este proceso va a estar dirigido y producido por mí, pero corregido por mis profesores. Obviamente es un proceso de correcciones de proyecto necesario y que ayudará a mejorar este en todo caso. El proceso, muy académico, consiste en una primera idea que se arquitecturiza poco a poco con las correcciones de clase.
Teniendo en cuenta el entorno y la situación, debemos tomar algunas decisiones sobre el programa del edificio. Este, además de tener todas las necesidades taurinas y de espectáculo, también tendrá una serie de locales comerciales conectados a la salida y entrada del metro. Recordemos que todo, absolutamente todo estará debajo del nivel del suelo con lo cual nos encontramos con una problemática inicial muy provocadora. Hay que bajar los toros al ruedo, y los corrales deben estar en el nivel del ruedo. Además, el evento del encierro taurino implica la entrada del toro desde la calle al ruedo y esto obliga a que haiga una conexión directa entre calle y ruedo. Los pasos del proceso fueron cruciales para llegar a la proyección de una rampa que comienza a decenas de metros de la plaza en la última calle del encierro. Es una pendiente del seis por cien y hay que salvar alrededor de 15 metros de altura. Una rampa larguísima que al estar en la calle se tiene que tapar cuando no se celebren eventos en la plaza para poder dar funcionamiento al uso de la calle. En el mismo eje y justo al otro lado del ruedo se encuentra la entrada de gente pero esta no llega hasta el ruedo sino hasta la mitad de las gradas.
Al estar enterrado hay que tener el máximo rigor en cuanto a escatimar la cantidad de profundidad. Si el vaso central está enterrado del todo pero los platos perimetrales sólo llegan a la mitad del vaso, esto ahorraría mucho en términos de costos. Los planos de la plaza ganan este rigor a lo largo del proceso del proyecto.
A la hora de decidir cómo debe de ser la distribución espacial de los locales comerciales y el resto de servicios de la plaza me he visto obligado a utilizar una estructura poco compleja y muy simple. Esta tiene que permitir un voladizo de alrededor de 20 metros siendo este una cubierta transitable. Se trata de una serie de vigas radiales que sujetan el voladizo y deberán estar a 5 metros de separación. Estas vigas se iban a sujetar con pilares pero pasaran a sujetarse con muros armados que también sirven de cortinas para separar espacios por su distribución radial y simétrica según el eje de las puertas de la plaza. Como se trata de un elemento enterrado, el alzado se terminará resolviendo como una distribución diáfana de elementos de un parque urbano. La barandilla de la “piscina” también será un elemento importante en el dibujo del alzado. En planta, la forma será la de un círculo con dos cuñas principales (eje de simetría de la estructura) que penetran la circunferencia de la plaza cruzando hasta el ruedo.
Se trata de una propuesta arriesgada en cuanto al jurado del concurso. El gremio taurino es muy conservador en cuanto a al diseño de nuevas plazas de toros. Un enterramiento de esta envergadura tiene que dar a cambio a los propietarios algo más que una solución urbana. El buen funcionamiento y las ganancias de los locales comerciales no son suficiente argumento tampoco para convencer a un jurado tan impenetrable.
Creo que estoy teniendo en cuenta que este proyecto es un proyecto universitario por eso debo intentar tener la máxima libertad creativa dentro de los límites que marca el proyecto. Siento que es una propuesta muy arriesgada que se debe llevar a cabo con mucho rigor para intentar así aproximarme a un resultado eficaz. Creo que al desarrollar ideas arriesgadas y difíciles como esta, y al meterme en un área desconocida para mi, aprehendo sobre todo, un nuevo campo, como es el de enterrar un edificio tan grande como una plaza de toros.
Hay varias razones políticas que también podrían acompañar el argumento de enterrar una plaza de toros. Se trataría de una plaza de toros única. Ninguna plaza de toros en el mundo es así. Esto, además de convertirla en un edificio internacionalmente singular, se convierte en una nueva invitación a la sociedad para que conozca el mundo taurino. Una plaza con un parque encima y el ciudadano de a pié se puede acercar a ver el encierro desde el nivel del parque. Esto despertaría muchísimo el interés del público en ir a ver la plaza y a la vez a conocer el espectáculo taurino. Hablamos de un edificio capacitado para celebrar cualquier tipo de espectáculo, situado a escasos metros del aeropuerto de Barajas, y muy cercano a la urbe de Madrid centro. Un edificio como este, bien resuelto, sería una construcción única que podría llegar a tener mucha importancia en la arquitectura y el urbanismo así como convertirse en un hito. Y este hito sería la mejor respuesta para la ciudad. Al fin y al cabo responde a la sociedad dando un parque y consiguiendo la nula contaminación del entorno.
Hasta ahora, la arquitectura es para mí, la materia donde se estudia cómo crear aquellas ideas donde interviene el espacio habitable. La mejor manera de llevar a cabo este estudio es reuniendo la mayor cantidad de conocimientos posibles de nuestra sociedad. Y si queremos que estos “estudios de cómo crear” o mejor dicho, “proyectos”, sean eficaces, hay que proyectar respondiendo en cuanto más se pueda a la sociedad. Por eso a veces, hay que olvidarse de la parte artística del proyecto y tener más en cuenta la funcionalidad constructiva y espacial. En cambio hay otras veces que puede prevalecer la maestría artística del arquitecto resultando en proyectos llenos de relaciones simbólicas con la sociedad. De las dos maneras se responde a nuestra civilización. Con un proyecto como el de La Plaza de Toros de San Sebastián de los Reyes, a primera vista, parece que la mejor respuesta es la clásica plaza de toros con una gran cantidad de instalaciones que la convierten en un edificio polivalente y a la vez clásico. Sin embargo, si se profundiza en cómo se puede responder mejor a la sociedad con un edificio como este, a lo mejor, conviene apostar por la funcionalidad.
¿Pero que es lo que hace a un edificio eficaz en su composición artística? ¿Por qué el proyecto de Dominique Perrault es efectivo y próximo a ser sublime? Hoy en día esa belleza se encuentra cruzando diversos factores. Cuando la belleza deja de depender sólo de la forma, y con ella empezaría a entrar en juego el entorno, esta deja su significado y pasa a ser algo mejor que bello, más bien, extraordinario, y si además, se le incluyen otros factores, incluso más modernos como por ejemplo: sociedad, paso del tiempo, relaciones, etc, entonces entramos dentro del campo de lo sublime. Con esto dicho, puedo pasar a analizar cómo intentar conseguir juntar todos estos factores de manera sublime. Se trata de entorpecer lo menos posible el entorno y por eso el enterramiento. El hecho de enterrar el edificio y que su superficie sea utilizada con un uso público lo convierte en “arquitectura invisible” que por definición no puede ser bella ya que no hay forma a la que responder. Con lo cual estamos en un campo fuera de lo ordinario que como he dicho antes se llama “extraordinario”. ¿Y podría alcanzar mi Plaza de Toros el nivel de sublime?
Sin atreverme a responder a esto simplemente analizaré el trato que tiene mi proyecto con los factores del paso del tiempo, la sociedad y las relaciones y que juzgue otro cuanto se aleja o se acerca una plaza de toros enterrada al nivel de sublimidad. Que mejor que citar a David Nash y su Wooden Boulder para analizar el significado del paso del tiempo dentro del arte. Es una piedra que tiene que estar hecha de madera para que su recorrido por el mundo quede trazado, para que su movimiento deje una huella en sí misma, para que el tiempo le dé su forma. La cubierta de la plaza de toros será un parque con vegetación. Un parque que en vez de sufrir los arañazos que recibía “Wooden Boulder”, más bien recibirá la forma que los ciudadanos de San Sebastián de los reyes le acaben dando. Depende del próximo alcalde de que el parque siga siendo parque, mejor dicho, depende de la sociedad. En todo caso, siempre habrá libertad de cambio, mientras que con una plaza de toros regular, no la hay. Y si la sociedad, ayudada del tiempo, es quien le da la forma a la superficie de la plaza como hace el arroyo con la piedra de madera, entonces entramos en el campo relacional. Sería Nicolas Bourriaud el que habla en “Estética Relacional” de cómo la obra artística moderna intenta producir relaciones. Relaciones entre espectador y artista, entre artista y su propia obra, entre obra y espectador, entre espectador. Veo en la plaza de toros un paradigma con las obras de las que habla Bourriaud ya que esta plaza va a permitir relacionar la sociedad al máximo entre individuos en un parque, y además, permitirá relacionar a estos individuos con el propio edificio.Para terminar he de decir que hasta ahora, la arquitectura es para mí, la materia donde se estudia cómo crear aquellas ideas donde interviene el espacio habitable. La mejor manera de llevar a cabo este estudio es reuniendo la mayor cantidad de conocimientos posibles de nuestra sociedad. Y si queremos que estos “estudios de cómo crear” o mejor dicho, “proyectos”, sean eficaces, hay que proyectar respondiendo en cuanto más se pueda a la sociedad. Por eso a veces, hay que olvidarse de la parte artística del proyecto y tener más en cuenta la funcionalidad constructiva y espacial. En cambio hay otras veces que puede prevalecer la maestría artística del arquitecto resultando en proyectos llenos de relaciones simbólicas con la sociedad. De las dos maneras se responde a nuestra civilización. Con un proyecto como el de La Plaza de Toros de San Sebastián de los Reyes, a primera vista, parece que la mejor respuesta es la clásica plaza de toros con una gran cantidad de instalaciones que la convierten en un edificio polivalente y a la vez clásico. Sin embargo, si se profundiza en cómo se puede responder mejor a la sociedad con un edificio como este, a lo mejor, conviene apostar por la funcionalidad. Pero después de un análisis como este, he llegado a darme cuenta de que la genialidad se alcanza fundiendo de la manera más heterogénea posible la ciencia y el arte, tal y como hacia Le Corbusier por las tardes con su arte de las mañanas,y de la misma manera que Rem Koolhaas en su estudio cuando recoge los principios de Le Corbusier y juega con ellos como si de simple entretención se tratara.


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